En Roma se empezó a utilizar el maquillaje como algo rutinario pero de gran importancia sobre todo para las mujeres. Fue considerado como un símbolo altamente social e incluso se legaron ha hacer escritos sobre este milenario arte.
Uno de estos escritos daba consejos a las mujeres para blanquear su cutis con una mezcla de sustancias primas como el yeso, la harina especial de habas y el polvo de tiza.
Para aplicar color a los parpados, se preparaba una mezcla a base de plomo, huevos de hormigas y moscas machacadas. Dicha muestra era aplicada con un pequeño palito y utilizada a moda de sombra de ojos y mascara de pestañas.
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